DE LA ETNOGRAFÍA AL ARTE RELACIONAL

DE LA ETNOGRAFÍA AL ARTE RELACIONAL

La etnografía aparece en medio de prácticas de finales del siglo XIX como la antropología cultural hecha en la zona occidental de Nueva Guinea o los estudios sobre pobreza y marginalidad en la Escuela de Chicago de Sociología. En ambas experiencias la convivencia progresiva y el registro de datos culminó en análisis que han permitido sentar las bases de la etnografía actual.

Por otro lado está el arte, cuya concepción ha estado en constante cambio a lo largo de su historia. En este texto se abordará desde su carácter representacional hasta sus nuevas formas de investigación y creación. Luego, se describe la manera en que estas dos áreas de conocimiento –la etnografía y el arte- se unen e intercambian conceptos que nutren el trabajo y campo de acción del otro, hasta llegar al arte relacional.

ETNOGRAFÍA: ESCRITURA DE LOS PUEBLOS

Para empezar, vale la pena remontarse a la etimología del término “etnografía”: del griego, ethnos –εθνος- “tribu, pueblo” y grapho —γραφω, “escritura”— traduce “la escritura de los pueblos”. Se podría pensar que la historia también es la escritura de los pueblos, sin embargo, la etnografía y su poder descentralizador, permite una visión más específica de las culturas que la historia universal, la cual tiene un claro enfoque eurocentrista.

La etnografía es una práctica de estudio que permite analizar el comportamiento de una comunidad específica. A lo largo de su desarrollo se ha caracterizado por su ímpetu cambiante y propositivo, respondiendo a las dinámicas culturales de los grupos que examina; sin embargo, posee unas características principales para cumplir su objetivo como:

Un carácter fenomenológico: Se trata de interpretar los fenómenos sociales viendo desde dentro la perspectiva del contexto social de los participantes permitiendo al investigador tener un conocimiento interno de la vida social.

Supone una permanencia relativamente persistente dentro del grupo a estudiar con el fin de conseguir su aceptación y confianza (…) el etnógrafo viva en primera persona la realidad social del grupo, así será capaz de observar cómo acontecen las cosas en su estado natural y comprender los diferentes comportamientos.

Tiene un carácter inductivo: La etnografía es un método de investigación basado en la experiencia y la exploración. Parte de un proceso de observación participante como principal estrategia de obtención de la información permitiendo establecer modelos, hipótesis y posibles teorías explicativas de la realidad objeto de estudio.”1

De ésta manera, aunque en la etnografía existan diversos modos de actuar para obtener una conclusión, tanto la denominada observación participante -primera intervención que consiste en la recopilación de datos (entrevistas, notas, audios, vídeos, fotografías, encuestas) como la descripción densa -riguroso informe que contiene los análisis de resultados cuantitativos y cualitativos- son herramientas fundamentales para ir de la hipótesis a la solución.

Así se encuentra el panorama de una in-disciplina –ya que la etnografía se consideró a sí misma una práctica y nunca una disciplina; se creó con la intención de abrir campo a los modos de observación sin necesidad de seguir una ruta metodológica preestablecida o teorías previas- que ha cambiado su manera de ver el mundo y la de muchos a través de la materialización de los estudios y su difusión, sea en el campo académico o comercial. Pero ¿de dónde surge el interés en el ser humano por abordar lo desconocido? ¿Qué herramientas aparecen para resolver ésta incógnita?

“DESCUBRIMIENTO” DEL NUEVO MUNDO

La historia que se cuenta sobre la llegada a América por parte de un grupo de expedicionarios provenientes de España liderado por Cristobal Colón  por allá “en 1492” es el ejemplo perfecto para desmitificar los discursos totalizadores de Occidente, ya que omite la existencia de culturas asentadas en América mucho antes de ser “descubierta”; además sirve como piedra angular de estudio para abrir la mirada y cuestionarse acerca de la diferencia, el otro.

BÚSQUEDA Y HALLAZGO A TRAVÉS DE LA ARQUEOLOGÍA

Una de las herramientas que se desarrolla con el fin de buscar, encontrar y preservar los vestigios de las culturas a lo largo de la historia es la arqueología. Éste estudio, que aparece por escrito en la Antigüedad grecorromana con personajes como Plinio El Viejo, se ha centrado en su mayoría en el análisis de la Prehistoria y la Edad Antigua, sin embargo, en las décadas recientes se han estudiado objetos de culturas provenientes de la Edad Media. La arqueología moderna y sus orígenes se pueden hallar en los coleccionistas que surgieron a raíz del redescubrimiento de la época clásica a finales de la Edad Media y a lo largo del Renacimiento como sinónimo de florecimiento cultural. Así mismo se han creado diferentes tipos de arqueologías según su objeto de estudio, como la etnoarqueología, la arqueología submarina, urbana, experimental, entre otras. Todas distinguidas por examinar objetos matéricos o asentamientos, no obstante, también hay un campo de acción para la exploración del aspecto social.

HOLISMO: SISTEMA DE INTERACCIONES

La corriente holística, por su parte, estudia los hallazgos desde la noción de un “todo” que se configura a partir de múltiples interacciones. Niega la independencia de cada una de las partes que componen el sistema ya que una pieza no significaría nada sin un contexto.

Así, la arqueología holística se caracteriza por analizar los aspectos intelectuales y relacionales de una cultura como: política, arte, economía, culto y demás de manera que concurran en el desarrollo de una sociedad a través de sus costumbres. Pero ¿es posible determinar el origen de una práctica?

“Dentro de cada sociedad existen muchas formas de cubrir las necesidades. Los orígenes de esas distintas formas se pierden en la noche de los tiempos, o como dicen los aborígenes australianos, pertenecen a los tiempos de los sueños. En efecto, una de las labores más duras de un antropólogo es la de descubrir el origen de una costumbre. Normalmente, ningún humano vivo puede recordar cuando nació una costumbre, porque las costumbres son infinitamente más antiguas que los hombres antiguos; son incluso anteriores a la tradición oral o a la historia escrita.”2

Si bien, es complejo determinar el exacto punto en el que se configura un nuevo modo de actuar, un gesto o una palabra vuelvo a mencionar, ya ahora desde otra mirada, la etnografía como eje vertebrador que por medio de la observación y el registro -y de mano de la arqueología, la sociología y la antropología- arroja luces sobre las historias de las culturas.

Cabe resaltar que en las primeras etapas de aprendizaje, en las que el ser humano es el reflejo de las acciones de quienes lo rodean, se establece una conexión neuronal que se repetirá en el cerebro hasta crear los primeros hábitos. Tanto la aprehensión, la reacción como la mimesis de un conjunto de movimientos ocurre en cada persona incluso antes de nacer, así que la ruta que se toma para averiguar y tratar de explicar ciertos comportamientos sociales se da justamente a través de la observación.

EL ETNÓGRAFO: OBSERVADOR POTENCIAL

El acto de observar, ya no sólo como se usa la visión instintivamente para detectar peligro o buscar comida, sino como una decisión consciente de detallar a través de la mirada una circunstancia en especial otorga una posición a quien mira, a quien es mirado y a quien se da a ver. A lo anterior se le conoce como “régimen escópico”. En palabras de José Luis Brea en su Cambio de régimen escópico: del inconsciente óptico a la e-image: Lo que se sabe en lo que se ve. O quizás podríamos decir aquello que puede ser conocido en aquello que puede ser visto. De esta manera describiré lo que voy a llamar episteme escópica: la estructura abstracta que determina el campo de lo cognoscible en el territorio de lo visible.”3

De este modo, se puede afirmar que gran parte de la información que se tiene a la mano hoy en día fue producto de una previa observación, como primera instancia para reconocer  aspectos como: espacio, tiempo, grupo social.

Como segunda instancia se toma registro de ello con el fin de identificar las prioridades de la comunidad a través del lenguaje –oral, escrito o corporal, las actividades diarias, los horarios, la organización social. Tal como lo hace la etnografía semántica, la cual pretende explicar los cambios sociales tomando en cuenta la concepción lingüística del grupo a investigar; las cosas que todo individuo debe conocer y entender para pertenecer al mismo.

Es cuando se pasa a analizar y clasificar el material de archivo y registro, lo que implica tiempos de producción, investigación de fuentes externas y comparación de versiones -para evitar que se convierta en un discurso centralizado y de cierta manera, a mi modo de ver, arbitrario para con la(s) cultura(s) que fueron en algún momento el objeto de estudio, ya que se les suprime el poder de la palabra –entendida ésta como medio de expresión amplio, un gesto, un silencio, un grito- para afirmar, o por el contrario, negar lo que un estudio etnográfico podría decir.

LA CULTURA: ¿UN ASUNTO DE LETRAS?

Ashley Montagu define la cultura como “la respuesta que el hombre da a sus necesidades básicas. La cultura es el modo que el hombre tiene de situarse en el mundo. Es el comportamiento aprendido en el seno de la sociedad. Podíamos definir la cultura como el modo de vida de un pueblo, como el medio que un grupo de seres humanos que ocupan un territorio común, ha creado a través de sus ideas, de sus instituciones, de sus utensilios , de su idioma, de sus herramientas, de sus servicios y de sus sentimientos.”2

Claro que la cultura se conforma a partir de vivencias, de acuerdos y ¿por qué no? desacuerdos de un grupo social que comparte ya sea el mismo territorio, o la misma raza. Sin embargo, ¿cómo está siendo escrita y difundida la historia de esos pueblos? En muchas ocasiones, el legado de x o y se queda disminuido a lo que se cuenta de ellos a través de publicaciones, documentales o cualquier otra forma de expresión que otro decide contar.  Ahí se da un claro giro -que por supuesto no está muy desarrollado en los libros de Historia Universal de las librerías locales ni en esas Enciclopedias por tomos que quizás suenan familiares- entre ver y representar.

Roman Gubern en su libro La mirada opulenta (2002) afirma: “Cada época, cada cultura, cada género y cada estilo imponen sus propias distorsiones a la representación icónica del mundo” lo que me llevó a preguntarme sobre el problema de la representación como columna vertebral en la interpretación del mundo que nos es mostrado. ¿Qué tan distante está el ver del representar?

VER Y REPRESENTAR

Aquí es cuando el arte va apareciendo, no me refiero históricamente pues éste también existe desde el surgimiento del hombre sobre la tierra, sino de manera simbólica aparece en el texto para decir “si, aquí estoy y la representación sí que es mi campo”.

Las formas de representación cambian tanto como las dinámicas sociales y la Historia del Arte es el mejor ejemplo de ello. Desde el hombre de las cavernas hasta Habacuc dejando morir un perro de hambre en una galería es notable la diferencia, no sólo de lo que se entiende por “arte”, sino de quién lo denomina como tal, los creadores, los consumidores y, como ya es evidente, el mercado del arte. Me disculpo por omitir a quién sabe cuántas otras manifestaciones alternas que se salen, aunque no lo quiera, de mi panorama visible.

METARRELATO, NUEVA FORMA DE CONTAR EL MUNDO

“Los metarrelatos son asumidos como discursos totalizantes y multiabarcadores, en los que se asume la comprensión de hechos de carácter científico, histórico, religioso y social de forma absolutista, pretendiendo dar respuesta y solución a toda contingencia”4

El cambio de régimen escópico que aparece con la “otra” modernidad, aquella distante de la que se nos cuenta en los libros, aquella segunda modernidad del siglo XVIII y XIX en la cual la esfera pública se ve mediada por las tertulias y el capitalismo impreso, constituye una descentralización del sentido de la vista; así los metarrelatos podían ser conocidos voz a voz o pagando por obtener lo que ahora conocemos como publicidad.

Iván Díaz en su artículo Origen de la arqueología: ¿Cuál fue la primera excavación científica? (2013) señala: “Es una época de cambios y efervescencia, donde el conocimiento y la propia extensión del mundo conocido por el ser humano occidental crece sin medida y trae consigo la asimilación de nuevas civilizaciones y culturas ajenas a la tradición judeo-cristiana dominante, generalmente juzgadas bajo un prisma cargado de un etnocentrismo exacerbado que lleva a los descubridores europeos a considerarlas inferiores, incluso a las razas y etnias de las cuales son su expresión material e inmaterial se las califica como salvajes.”5

Ver, ser visto y darse a ver cada vez se ha vuelto más sencillo. A pesar de que se piense que gracias a los avances tecnológicos que trajo consigo la modernidad del siglo XV y también la otra modernidad se totalizarían ciertas nociones, lo cierto es que no. Basta hacer un símil entre las religiones en Oriente y Occidente para entender que incluso teniendo tan fácil acceso a las comunicaciones, aún hay brechas enormes entre una cultura y otra.

La idea equívoca de que la percepción humana es común a todas las culturas y, por lo tanto, que la experiencia de ver es universal, descansa, entre otros, en los preceptos de centralidad de la perspectiva occidental y en el estilo de los creadores que lucharon limitadamente (antes de la invención de la fotografía) por alcanzar el ideal de la “verdad” óptica, esto es, la fidelidad mimética de la representación con el objeto representado” señala Pablo Mora Calderón en el libro Arte y etnografía, De caníbales, peregrinos y otras historias: sobre arte y etnografía visual.

ARTE Y ETNOGRAFÍA: ENCUENTRO ENTRE DOS CORRIENTES

La dialéctica entre estas dos corrientes de pensamiento y creación se establece a partir de intereses en común como: la crítica cultural, la (re)construcción de memoria colectiva y la reflexividad acerca de los modos de ver y representar, en otras palabras, los regímenes escópicos. La relación que establece el ser humano con su entorno engloba todos los aspectos anteriores. Tanto el arte como la etnografía llevan a cabo el ver como primer acercamiento, luego hacen uso del análisis, para finalmente arrojar unos resultados, sean éstos plásticos, escritos, orales. Pero ¿qué las diferencia entre sí?

Por un lado el proceder metodológico es distante en tanto que la etnografía se encontró con la ciencia mucho antes que el arte lo hiciera, y aunque hoy en día, 2016, es posible hablar de arte-ciencia, de arte-tecnología cabe recordar que hace tres siglos eso no era mencionado -lo curioso es que ya existía, la mayoría de inventos tecnológicos como: la imprenta, la cámara oscura, el telescopio- esa relación arte-ciencia no es nueva, sin embargo el hecho de no asimilarlos como tal en ese período de la historia hizo que la etnografía y el arte siguieran caminos distintos por un tiempo.

Por otro lado está la representación producto de la observación de las culturas; es claro que para la etnografía lo más importante es realizar registro, incluso hoy, escrito más que oral o gráfico. Como resultado de sus análisis, por lo general, se publican investigaciones que suelen ser reconocidas en el ámbito académico. Mientras que el arte, aunque actualmente se acerca bastante a la manera de proceder de la etnografía, en tanto que los artistas realizan investigación y distan de la concepción del “creador o artesano”, durante mucho tiempo estuvo caracterizado por sus representaciones plásticas y visuales del mundo.

“El arte como una herramienta etnográfica con capacidad para ampliar, ilustrar y contrastar las narrativas de los/las informantes y, además, para otorgarles un papel activo y creativo en el trabajo de campo. Se desarrolla una metodología de una etnografía visual activa en la que la esencia de la información se transmite por las imágenes”6

Entonces se tiene a dos corrientes que, a pesar de su largo camino independiente, llegaron a un punto en el cual el arte se vale de modos de actuar provenientes de la etnografía para realizar arte relacional, y de igual manera, la etnografía aprovecha la forma del arte transmitir una idea o teoría a través de diversos medios.

BIBLIOGRAFÍA

1DEL RINCÓN, Delio. 1997. <<La investigación etnográfica>>

2MONTAGU, Ashley. 1972. <<Homo sapiens: dos  millones de años sobre la tierra>>

3BREA, José Luis. <<Cambio de régimen escópico: del inconsciente óptico a la e-image>>

4LYOTARD, Jean-Francois. 1979 <<Introduction: The Postmodern Condition: A Report on Knowledge>>

5DÍAZ, Iván. 2013. <<Origen de la arqueología: ¿Cuál fue la primera excavación científica?>> http://lacienciadivulgativa.blogspot.com.co/2013/09/origen-de-la-arqueologiacual-fue-la.html

6MARXEN, Eva. 2009 <<La etnografía desde el arte. Definiciones, bases teóricas y nuevos escenarios>> http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-70172009000100002

FOGLIA, Andrés. 2009. <<La falsificación como resistencia cultural en la cerámica Alzate>> Tecnologías de la imagen y dispositivos de construcción de la mirada.

BISHOP, Claire. 2012 <<Artificial hells>> Ed. VERSO.

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